Adolfo de la Huerta

Adolfo de la Huerta, fue político y Presidente México, Ocupó la presidencia de manera interina por 6 meses entre el 1 de junio al 30 de noviembre de 1820.

Después de su fracaso al rebelarse contra la imposición de Plutarco Elías Calles como sucesor de Álvaro Obregón, obligó al antiguo secretario de Hacienda y expresidente provisional de México a exiliarse en Estados Unidos. Allí se ganó la vida como maestro de canto

Murió a la edad de 74 años en la Ciudad de México, el 9 julio de 1955

Adolfo de la Huerta nació en Guaymas, Sonora, el 26 de mayo de 1881.  hijo de Torcuato de la Huerta Armenta y Carmen Marcor Basozábal. Estudio en el Colegio Sonora, de Hermosillo e ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria en México, además, realiza estudios de contabilidad, música y canto. En 1900, tuvo que regresar a a guaymas por la muerte de su padre. Trabajo como profesor de canto, contador del Banco Nacional de México y gerente de la tenería «San Germán».

VIDA POLITICA

En 1906 se unió al Partido Liberal Mexicano, para el año de 1908 se destaco como miembro de la Sociedad «Amor al Arte» y en 1909 se afilió al club Antireeleccionista de su localidad. A la caída de Porfirio Díaz, tras la revolución maderista, fue electo diputado al congreso de Sonora, desde allí participó en los tratados de paz con los indios yaquis.

Durante la decena trágica se encontraba en México y acompaño a Madero desde el Castillo de Chapultepec hasta el local de la fotografía Daguerre. Relato en sus Memorias: “yo tuve la satisfacción de ser el primer civil que el día 9 de febrero se presentó en Chapultepec a ponerse a las órdenes de don Francisco I. Madero”.

En abril de 1913, luego del cuartelazo de Victoriano Huerta que derrocó y dio muerte a Francisco I. Madero, se pone en contacto con Carranza y Villa. La Legislatura local lo comisiona para representar al congreso de Sonora en la convención de Monclova que trataba de unir a los revolucionarios de Coahuila, Sonora y Chihuahua bajo el Plan de Guadalupe.

El 18 de agosto de 1913, en su carácter de diputado local, logro que  se reconociera a Venustiano Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.

En octubre de 1913 fue nombrado por Carranza, oficial mayor de la Secretaría de Gobernación y en agosto de 1915 pasó a figurar como Secretario de Gobernación. De Abril a Junio de 1916 fue gobernador provisional de Sonora.

Durante su gobierno consiguió pacificar a los Yaquis que exigían la devolución de las tierras de sus antepasados, al contrario de la decisión de exterminarlos; reestablecio el Supremo Tribunal de Justicia; edifico los municipios de Agua Prieta, Nacozari, Chico, Trincheras y Yécora; reintegro los ejidos de la Ciudad Álamos.

Por decreto 71, del 10 de octubre del mismo año, constituyo la Cámara Obrera, en cuyos artículos se establece la jornada de 8 horas y el descanso semanal, el salario mínimo, la edad no menor de 14 años para trabajar, los contratos formales para periodos mayores de 6 días, y los impuestos a cargo de la empresa, no del trabajador.

Con base en los estudios de la Cámara Obrera, expidió el primer reglamento local en materia laboral. Además, apoya a los obreros huelguistas de la Cananea Cooper y del Ferrocarril Sud Pacífico, ambas empresas norteamericanas; y exige su manifestación de bienes a los empleados y funcionarios locales.

Cuando sesiona el Congreso Constituyente de 1916, le envía una carta en la que propone para el trabajador la participación equitativa de las utilidades obtenidas por las empresas. Promulga la Constitución de 1917. Convoca a elecciones y entrega el poder el 30 de junio de 1917.

En 1918, fue senador por Sonora y el mismo año fue nombrado cónsul general de México en Nueva York. En 1919 se postuló como candidato a la Gobernación de Sonora y salió electo para el periodo de 1919 a 1923; tomó posesión el 01 de septiembre de 1919.

En 1920, se enfrento a Carranza debido a los acuerdos de paz logrados con los yaquis y la “federalización” de las aguas del Río Sonora, que en realidad fue, por la postulación a la presidencia de su amigo, el ingeniero Ignacio Bonillas, Venustiano Carranza quiso imponer a Ignacio Bonillas como su sucesor y dio instrucciones a los gobernadores para que favorecieron su candidatura.

De la Huerta se opuso. Ante el arribo de fuerzas federales para que asumiera la gubernatura Ignacio L. Pesqueira, el 13 de abril siguiente, De la Huerta declara que Sonora reasume su soberanía y el día 23 de abril de 1920, proclamo el Plan de Agua Prieta con Obregón y Calles, en contra de Carranza, en el que se desconoció el gobierno de Carranza y se conformó el Ejército Constitucionalista Liberal, del cual De la Huerta fue nombrado Jefe Supremo.

Adolfo de la Huerta declaro en sus Memorias que el conflicto con Carranza inicio por su negativa a ser candidato oficial impuesto por el carrancismo y que

“cuando me tocó verme en aquella posición antagónica al señor Carranza, por quien sentía un verdadero afecto, respeto y cariño originados en su actitud al principio de la lucha del constitucionalismo, me sentía verdaderamente apenado… pero no me dejaron otra alternativa… en mi concepto, el error estuvo de parte del señor Carranza y no de parte de los candidatos (Obregón y Pablo González) que tenían derecho a jugar y presentarse a la consideración del pueblo para ocupar la Primera Magistratura, sobre todo después de haberse retirado de la lucha electoral en 1916 para dejar libre el campo a Carranza y contando con la promesa de éste para que en el siguiente periodo actuaran con libertad”.

Rápidamente la rebelión se propagó por todo el país; oficiales y jefes militares se unieron al Plan de Agua Prieta dándole la espalda a Carranza, quien se vio forzado a cambiar su gobierno a Veracruz a donde no alcanzó a llegar, pues fue asesinado en el camino.

Con el triunfo de la rebelión, el 24 de mayo De la Huerta fue nombrado presidente interino para el periodo del 1º de junio al 30 de noviembre de ese año de 1920. Luego de tomar el cargo, convocó a elecciones para el 5 de septiembre, de las cuales resultó electo Álvaro Obregón.

El 1° de diciembre de 1920, entregó la presidencia y asumió la secretaría de Hacienda. Según De la Huerta, Obregón había pactado con Pablo González que éste asumiría la presidencia interina, obligado por la fuerza que representaban los 22 mil efectivos que González mantenía en la capital de la República; sin embargo, el Congreso escogió presidente interino entre Carlos B. Zetina, Fernando Iglesias Calderón, Antonio I. Villarreal y De la Huerta, quien obtuvo 224 votos a favor y sólo 22 en contra.

Durante su mandato, Adolfo de la Huerta enfrento una situación internacional poco favorable: la Primera Guerra Mundial habia terminado y los precios de las materias primas bajaron, en tanto que los gobiernos de las empresas extranjeras afectadas por la guerra revolucionaria y temerosas de la aplicación de las nuevas leyes, presionaron sobre México para proteger y extender sus intereses; el pago de la deuda externa seguia suspendido y la renegociación estába pendiente.

En Estados Unidos, un nuevo presidente, Warren G. Harding, endurecio sus posiciones respecto a México y su Revolución. Adolfo de la Huerta enfrento la problemática interna sin agravar la situación nacional y bajo la amenaza de nuevas intervenciones extranjeras.

Logró pacificar la nación: inició la reorganización del ejército, logró que el antirrevolucionario Félix Días depusiera las armas, se ganó la confianza de los últimos zapatistas en pie de guerra, concilió la rendición de Francisco Villa, apaciguó las rebeliones indígenas y negocio con los movimientos obreros de modo que terminaron las huelgas. Logró reorganizar la hacienda pública, fijó condiciones para otorgar concesiones de explotación petrolera y expidió la Ley de Tierras Ociosas para poner a trabajar toda tierra cultivable.

A los generales leales a Carranza los dejo en libertad para que se exiliaran los más importantes. A los zapatistas los incorporo al Ejército Nacional como División del Sur y ascendio a divisionario a Genovevo de la O, a quien nombra comandante militar de Morelos. Aprobo el fusilamiento de Guajardo y perdono, pero destierra a Pablo González, ambos autores del asesinato de Zapata.

Finalmente, tras largas negociaciones, logra que los generales Eugenio Martínez y Francisco Villa firmen el 28 de julio los Convenios de Sabinas por los que Villa se retira a la vida privada, a pesar de la oposición de Obregón que temía la reacción norteamericana y de Calles que recelaba de que ese retiro fuera real.

A los contrarrevolucionarios como Félix Díaz los mando al exilio. Asimismo, logra el licenciamiento de más de 30,000 efectivos del ejército mediante el establecimiento de colonias militares.

En noviembre de 1923 lanzó su candidatura a la presidencia en oposición de Plutarco Elías Calles quien era el candidato oficialista, apoyado por Obregón. Tras varios atentados contra su vida se trasladó a Veracruz desde donde, en diciembre de 1923, emprendió la rebelión denominada delahuertista, apoyado por algunos generales y altos oficiales.

El respaldo del gobierno norteamericano a las fuerzas federales de Obregón precipitó la derrota del movimiento delahuertista, ante lo cual en marzo de 1924 se vio forzado a partir exiliado hacia Estados Unidos.

Adolfo de la Huerta en el Exilio

Vivió oculto mucho tiempo, con nombres falsos, huyendo de una ciudad a otra. Al llegar a Los Ángeles tuvo que refugiarse en la casa de un amigo, de donde no salía ni de noche ni de día para ocultarse de los agentes enviados por el gobierno de Plutarco Elías Calles. Que tenian la indicacion de asesinarlo.

Los días más difíciles del exilio de Adolfo de la Huerta habían quedado atrás. El desastre en que terminó la revolución que encabezó para oponerse a Álvaro Obregón y al proceso manipulado de sucesión presidencial, lo mando a Estados Unidos, con su esposa, Clara Oriol, quien trabajaba de costurera, y sus hijos Arturo y Adolfo como repartidores de periódicos.

Su capacidad artística y sus habilidades pedagógicas le dieron estabilidad, prestigio y fama. No era cosa de todos los días encontrarse con un expresidente mexicano que se ganaba la vida como maestro de canto.

Desde muy joven, en Guaymas, Adolfo de la Huerta mostró su gusto por la música y sus aptitudes para el canto. Cuando era estudiante de la Escuela Nacional Preparatoria en la Ciudad de México, no solo se formó en materia de “teneduría de libros”, disciplina que hoy se conoce como contaduría; también estudió canto y, cuando murio su padre tuvo que volver a Sonora, y se ganó la vida como profesor de canto.

Ni en sus días de presidente provisional o de secretario de Hacienda eran secretos sus gustos musicales de De la Huerta. Todos  sus compañeros de armas, y más sus paisanos sonorenses, sabían que a Fito de la Huerta le gustaba cantar. En el año 1915, cuando se libraron las batallas de Celaya, León e Irapuato, de repente se elevaba la voz de De la Huerta, que accedía de buena gana a la petición “Canta, Fito, canta…”

Se sabía que, en sus días de cónsul en Nueva York, De la Huerta se daba tiempo para mejorar su desempeño como cantante, y que, incluso, el gran Enrico Caruso lo había escuchado cantar. De aquel encuentro quedó una foto dedicada por el cantante italiano para el “eximio tenor” mexicano.

Tras su exilio en el año de 1923, decidio sacar provecho de sus habilidades, Adolfo de la Huerta abrió en su casa una pequeña escuela de canto, en la que trabajaba 12 horas diarias. Enrico Caruso lo había escuchado cantar alguna vez y dijo que el general estaba destinado a convertirse en su sucesor.

Lo llamó, incluso, “eximio tenor”. La noticia curiosa de un ex presidente convertido en profesor de canto llamó la atención de la prensa estadunidense, que le dedicó varios reportajes. Decía De la Huerta: “al que no cante, lo haré cantar, al que ha perdido la voz haré que la recupere, al barítono lo convertiré en bajo y al bajo en tenor”.

La llegada del cine sonoro en 1927, la fiebre que desató el filme The Jazz Singer, ayudaron al profesor de canto con una percepcion económica que no había conocido en los años negros: su escuela se llenó de actores “mudos” que deseaban aprender a cantar para intentar fortuna en el género de moda. Estos mismos actores lo llamaban “el hombre del milagro”. “La prosperidad del señor De la Huerta se percibia de inmediato”.

En los años de gloria de la academia, entre los discípulos más célebres del ex presidente figuraron el cantante yucateco Guty Cárdenas, cuya carrera fulgurante fue truncada por una bala en el Salón Bach, y el mismísimo hijo de Enrico Caruso, a quien le llovieron ofertas cinematográficas gracias a las enseñanzas del hombre al que su padre había considerado “eximio tenor”.

La Gran Depresión, sin embargo, dejó al ex presidente prácticamente sin empleo, y con nulas posibilidades de volver a México, donde comenzaba la era conocida como el Maximato.

Despues de haber estado 11 años en el exilio, en 1935,Lázaro Cárdenas lo ayudo y lo llamó a colaborar en su gobierno. Dándole un puesto en la Secretaría de Relaciones Exteriores. Al paso del tiempo, De la Huerta fungió como director de Pensiones.

Porteriormente, ocupó la Dirección de Pensiones en los sexenios del Gral. Manuel Avila Camacho y de Miguel Aleman Valdez y fue Visitador General de Consulados durante el mandato de Adolfo Ruiz Cortinez.

Su secretario particular recuerda que en esos años Agustín Lara había entregado a México el gusto por los boleros llorones, alejándolo de la ópera y la música de concierto. No había prosperidad en ello, pero Adolfo de la Huerta siguió dando clases de bel canto, por simple apego a la música.