Ignacio Comonfort

Ignacio Comonfort fue un presidente de México que trajo las leyes de reformas y una Constitución mejorada. En su vida como un niño pequeño conto con pocos recursos económicos por lo que tuvo que abandonar sus estudios de derecho en el Colegio Carolino

En 1832 se alistó en el ejército al lado de Santa Anna para luchar contra el gobierno dictatorial de Anastacio Bustamante. Fue nombrado comandante militar de Tlapa, en el actual estado de Guerrero. Fue diputado al Congreso en 1842-1846 y combatió en el Valle de México en la guerra contra Estados Unidos, en 1847. Fue nuevamente diputado al Congreso en 1848 y senador hasta 1851. En 1853 fue nombrado administrador de la Aduana de Acapulco.

Junto con Juan N. Álvarez, en marzo de 1854 condujo la revolución contra Santa Anna en una campaña por el sur y resistió el asedio sobre Acapulco. Lo que significó la caída definitiva de Santa Anna. Luego marchó a Estados Unidos, donde obtuvo recursos de un particular para continuar la guerra.

Santa Anna, al ver lo incontenible de la revolución y cómo se extendía por todas partes, abandonó el país el 9 de agosto de 1855 y el general Juan N. Álvarez asumió la presidencia, nombrando al general Ignacio Comonfort Ministro de Guerra. Como Álvarez renunció a la presidencia, el general Ignacio Comonfort quedó como presidente interino.

PRESIDENTE DE MÉXICO (1855-1858)

Su administración fue el preludio de la Guerra de Reforma. El 5 de febrero de 1857 había sido promulgada la nueva Constitución, que contenía disposiciones agresivas contra las posesiones y privilegios de la Iglesia Católica. En el mes siguiente, la Iglesia amenazó con excomunión a todos aquellos individuos que la juraran, pero hacerlo era obligatorio para los militares y los miembros del gobierno. Los problemas no se hicieron esperar.

Durante el breve gobierno liberal de Álvarez se habían decretado leyes en que cristalizaba la nueva ideología en el poder. La primera de ellas fue la ley Juárez; elaborada por el ministro de Justicia, suprimía parcialmente los fueros y abolía los tribunales especiales para delitos del fuero común. Los tribunales eclesiásticos y militares ya no podrían encargarse de los individuos que no pertenecieran a su corporación.

Esta disposición buscaba la igualdad de todos los mexicanos ante la ley. Pero Álvarez, que ya era un hombre de edad avanzada y no se acostumbró a la vida en la ciudad, se retiró y dejó como presidente a Comonfort. El gabinete liberal se dispersó y muchos de sus miembros volvieron a sus estados natales como gobernadores: Benito Juárez a Oaxaca, Melchor Ocampo a Michoacán, Santos Degollado a Jalisco y Manuel Doblado a Guanajuato.

Muy pronto surgieron movimientos contra las reformas liberales. Al grito de «¡Religión y fueros!», en diciembre de 1855 comenzó una rebelión en Zacapoaxtla que fue sofocada por las fuerzas del gobierno. También hubo alzamientos en Jalisco y Nayarit. Mientras el Congreso Constituyente continuaba con su trabajo, el gobierno de Comonfort siguió dando a conocer leyes reformistas: la ley Lafragua (obra de José María Lafragua, ministro de Gobernación) reglamentaba la libertad de prensa.

LEY DE SUPRESIÓN DE LA COACCIÓN CIVIL.

Como presidente de México, la ley de supresión de la coacción civil para el cumplimiento de los votos religiosos y la ley de supresión de la Compañía de Jesús atacaban directamente a la Iglesia. De naturaleza similar, la ley Lerdo, expedida por Miguel Lerdo de Tejada, ministro de Hacienda, se refería a la desamortización de corporaciones civiles y eclesiásticas. Con ello se intentaba poner en circulación la riqueza de «manos muertas» y disminuir el poder económico de la Iglesia.

LEY ORGÁNICA DEL REGISTRO CIVIL.

La ley orgánica del Registro Civil creaba un sistema de control civil y secularizaba los cementerios, con lo que se quitaban aún más facultades a la Iglesia. Hasta el momento, ésta se encargaba de todo lo relacionado con nacimientos, matrimonios y defunciones. Todavía después del juramento de la Constitución de 1857, salió a la luz la ley Iglesias sobre obvenciones parroquiales.

 Elaborada por José María Iglesias, ministro de Justicia, Negocios Eclesiásticos e Instrucción Pública, eximía a las clases menesterosas del pago del diezmo y algunos sacramentos. Otra medida del gobierno de Ignacio Comonfort fue cerrar la Universidad, por considerarla un foco que alimentaba a los cuadros conservadores.

La promulgación de la nueva constitución liberal de 1857 provocó una fuerte fractura social que hizo inviable la continuidad de Ignacio Comonfort. La constitución debía ser jurada todas las autoridades y todos los empleados civiles y militares, y el que se negara a ello no podía continuar en el ejercicio de sus funciones. La respuesta del clero fue terminante: quien jurara la constitución quedaría excomulgado. La alternativa entre el fuego eterno y quedarse sin medios de subsistencia desgarró a la sociedad mexicana, abrumadoramente católica.

Por más que Ignacio Comonfort insistió en que no había oposición entre la doctrina católica y las libertades civiles, los conservadores, mediante José Bernardo Couto, respondieron que ante los derechos de la Iglesia el poder temporal tenía que ceder o sucumbir. El Papa se quejó de las que consideraba persecuciones sufridas por los católicos y con ello los conservadores se sintieron autorizados para erigirse en soldados de la fe.

ASUMIENDO LA CONSTITUCIÓN

Comonfort terminó asumiendo que la constitución era inaplicable por las oposiciones que suscitaba y decidió desconocerla: si la opinión pública le era contraria, él, como demócrata, no podía imponerla por la fuerza.

Con el apoyo del propio Ignacio Comonfort, Zuloaga proclamó el Plan de Tacubaya, que anulaba la constitución y dejaba a Comonfort en la presidencia, aunque bajo la exigencia formar un gabinete de transición. Al mismo tiempo encarceló a Juárez, que, como presidente de la Suprema Corte de Justicia, era vicepresidente de la República.

Pero Zuloaga no tardó en traicionar su amigo Ignacio Comonfort. El 2 de enero de 1858 se sublevó en la Ciudadela, convirtió en campo de batalla la capital y no cedió hasta que Ignacio Comonfort salió camino del exilio a Nueva York. La coalición de gobernadores liberales de Aguascalientes, Colima, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Querétaro y Zacatecas decretó que, al caer Comonfort, el legítimo presidente era Benito Juárez, que tomó posesión en Guanajuato. De este modo las vacilaciones de Comonfort, inspiradas por el deseo de evitar más caos y más sangre, conducirían en la práctica a la cruenta guerra de Reforma (1858-1860), y más tarde a la lucha contra los franceses y Maximiliano I (1863-1867).

En 1863, Juárez aceptó su ayuda para luchar contra la invasión francesa y lo nombró ministro de Guerra y jefe del Ejército del Centro. Ignacio Comonfort fracasó en sus intentos de ayudar con armas y municiones al general Jesús González Ortega en el segundo sitio de Puebla por los franceses.

ASALTO HERMANOS TRONCOSO

El 13 de marzo de 1863, entre San Miguel Allende y Chamacuero, lo asaltaron los hermanos Troncoso, sicarios al servicio de los conservadores, que le partieron la cabeza de un machetazo. Se hicieron elecciones y el general Ignacio Comonfort resultó electo presidente de la República el 1 de diciembre; en ese momento el presidente de la Suprema Corte de Justicia era Benito Juárez.

Con su ánimo conciliador, Ignacio Comonfort quiso organizar un gabinete mixto —de liberales y conservadores— que se convirtió en una caja de Pandora. De ese modo el 17 de diciembre el general Félix María Zuloaga, con apoyo del propio Presidente Ignacio Comonfort, proclamó el Plan de Tacubaya, por el cual desconocía la Constitución. Al adherirse al plan y desconocer así la constitución que había jurado meses atrás, podría decirse que Comonfort dio un autogolpe de estado.

Le dieron apoyo las tropas de la Ciudadela, tomó control de la capital el 17 de diciembre de 1857 sin disparar un tiro. Pareció que la revolución había triunfado, pero no tardaron los ánimos en caldearse y las fuerzas en conflicto (radicales y conservadores) empezaron a velar sus armas y criticar, tanto los unos como los otros, al presidente golpista. Comonfort tomó así poderes extraordinarios, lo cual exacerbó los ánimos de ambas fuerzas: ya era repudiado por los liberales y abandonado por los conservadores.

ABANDONO DEL PLAN TACUBAYA

El 11 de enero de 1858, el mismo Zuloaga regresó sobre sus pasos y demandó que se abandonara el Plan de Tacubaya. Algunos de los inconformes apoyaban al presidente Comonfort; otros al general Zuloaga, y ese mismo día hubo incluso pronunciamientos a favor de que regresara el desterrado dictador Santa Anna. Ignacio Comonfort fue depuesto como presidente, y rápidamente partió a Estados Unidos.

Benito Juárez, quien se desempeñó como vicepresidente y ministro de Gobernación, posteriormente fue nombrado presidente de la Suprema Corte de Justicia, asumió el poder el 21 de enero como presidente interino, según mandaba la Constitución. Así comenzó la Guerra de Reforma.

APORTES IGNACIO COMONFORT

Parte de los aportes realizados por Comonfort y su gobierno fueron, más bien, decisiones ajenas a su voluntad. Así, las Leyes de Reforma partieron de su antecesor, Juan Álvarez, y de los liberales más progresistas. Lo mismo ocurrió con la Constitución de 1857, sin duda su legado más destacado.

LEYES DE REFORMA

Las Leyes de Reforma fueron un conjunto de normas legales promulgadas entre 1855 y 1863. Las primeras fueron expedidas por el gobierno de Juan Álvarez, las segundas por el de Ignacio Comonfort y las últimas por Benito Juárez.

El propósito principal de todas ellas era separar la Iglesia y el Estado. Para ello, eliminaron una serie de privilegios que, históricamente, había mantenido la institución religiosa.

La serie de leyes comenzó con la llamada Ley Juárez, promulgada el 23 de noviembre de 1855. Mediante ella, quedaron abolidos los tribunales especiales, los fueron militares y los religiosos. Desde entonces, todos los ciudadanos fueron iguales ante la ley.

Ya con Comonfort en la presidencia se promulgaron la Ley Iglesias, la Ley Lafragua, la Ley Lerdo y la Ley de Registro Civil. Todas iban en la misma dirección, limitando los poderes eclesiásticos y otorgando derechos a los ciudadanos.

Así, los cobros de derechos y diezmos parroquiales quedaron prohibidos, la libertad de prensa quedó regulada, se desamortizaron los bienes de Manos Muertas y se estableció el Registro de Estado Civil.

Constitución de 1857

El Plan de Ayutla, promulgado para acabar con la dictadura de Santa Anna, establecía entes sus puntos la necesidad de una nueva Constitución para México. Álvarez y Comonfort obedecieron lo firmado y convocaron un Congreso Constituyente.

La mayoría de los miembros eran liberales, pero dentro de esta corriente existían dos facciones diferenciadas. Así, un grupo pedía reformas radicales, que acabara con el poder de la Iglesia y el Ejército.

La otra facción, era mucho más moderada en sus exigencias. Ignacio Comonfort, simpatizante de este segundo grupo, trató de suavizar el contenido constitucional.

Sin embargo, a pesar de estar en minoría y con el Presidente en contra, los más radicales lograron imponer sus propuestas. Las más controvertidas fueron la prohibición a la corporaciones eclesiásticas de adquirir propiedades, la exclusión de miembros del clero de los puestos públicos, la enseñanza laica y la libertad de culto.

La Constitución de 1857 también implantó el federalismo, así como la república representativa. Estableció 25 estados, un territorio y el distrito federal y apoyó la autonomía de los municipios.

IDEOLOGÍA LIBERAL

Comonfort alcanzó la presidencia apoyado por los liberales mexicanos. Personalmente, según los biógrafos, Ignacio Comonfort se situaba entre los moderados del partido, pero acabó promulgando leyes reclamadas por los más radicales. Entre las que le causaron más conflicto interno se encontraban las relacionadas con la Iglesia católica.

INDECISIÓN

A pesar de su decisión de apoyar el Plan de Tacubaya, una especie de autogolpe de estado, la mayoría de los historiadores no achacan su actuación a la ambición. En general, Comonfort es acusado de indecisión y de no ser capaz de definirse en ningún momento.

Se trató de un presidente dubitativo, que intentó contentar a todos y acabó sin ningún apoyo. Una de sus frases define a la perfección su carácter: “Llegado el caso, estaré allí donde mi presencia se necesite, y aunque sea el lugar de mayor peligro, aprieto los dientes y me dejo arrastrar”.

Muerte de Ignacio Comonfort

En 1863, Juárez aceptó su ofrecimiento de incorporarse a la lucha contra los invasores franceses y Comonfort regresó al país nombrándosele comandante del llamado Ejército del Centro.

El 8 de mayo de 1863 el Ejército del Centro fue derrotado por el ejército francés en la Batalla de San Lorenzo (México), obligando a sus divisiones a replegarse hacia Tlaxcala.5​

Ignacio Comonfort se hizo cargo de proteger Santiago de Querétaro, pero un día, de camino a Celaya, fue atacado por los guerrilleros del conservador Sebastián Aguirre en el municipio de Chamacuero.6​ Fue herido de muerte el 13 de noviembre de 1863, y murió mientras era trasladado a Celaya. Fue enterrado en el Museo Panteón de San Fernando.